02.jpg03.jpgDomenica 22 giugno, ore 19.18: sale la febbre (azzurra) per la partita dell’Italia. Aragones e Donadoni giocano sapendo che due nazioni intere le guardano e giudicheranno ogni loro scelta. I calciatori ovviamente già sanno che ovunque ci saranno televisori accesi per seguire le loro gesta. Chi vince trova la sorprendente Russia in semifinale, chi perde va a casa e si becca le critiche. Non conta nulla quello che si è fatto fino ad ora. Lo sanno gli italiani e lo sanno benissimo gli spagnoli, che si sono appellati a cabala e numeri per battere la “maledizione dei quarti di finale”. Spagna e Italia, Italia contro Spagna. Ecco cosa ne dice la stampa in due lingue. Questo il commento di due giornali molto importanti (La Gazzetta dello Sport e Diario AS) a pochissimo tempo dal fischio d’inizio:

Espana se conjura: somos mejores y nos toca pasar (AS - Espana)

Ya estamos aquí, de nuevo, en esta frontera, a tres victorias del título. Detengámonos ahora para no arrepentirnos después. Quien se acicala al otro lado es Italia, nación que nos despierta un indisimulado complejo de inferioridad que de la seducción pasa al fútbol y luego más allá.
Trataremos de entenderlo para vencerlo. Empezaremos por el país. Sucede que los lugares de hermosura absoluta desarrollan un nacionalismo estético que se reserva el derecho de admisión. Ocurre en Sevilla, por poner un ejemplo y ahorrarme otros. Y pasa en Italia, que es un estado-museo. La primera reacción del visitante ante tanta belleza es intimidarse, sentir vértigos; lo llaman Síndrome de Stendhal.
Seguiremos por el amor. Casanova fue real y culminó 132 citas. Don Juan es un mito. Podríamos continuar por los hombres Martini y por Raffaela Carrá. O hablar de la moda. El azul de su camiseta (heredado del añil de la Casa Saboya) es dolorosamente elegante, mientras nuestro rojo quema.
Lo asombroso, créanlo, es que ellos sienten la misma admiración por nosotros, sin que les hayamos dado tiempo a que se rindan porque siempre nos rendimos antes. Capello y su pasión por el jamón y los toros es un ejemplo grotesco, pero significativo. Adoran las costumbres, el país y el idioma. Y del mismo modo que nuestra admiración precede a la suya, nuestro miedo es un anticipo del que sienten ellos.
Italia finge ser más y es capaz de ganar un Mundial (y hasta cuatro) para seguir fingiendo, por la foto final y por la obra de arte. Sepámoslo antes de saltar al campo. Lo mejor de su leyenda está en nuestra cabeza. Somos iguales de inicio y esta vez, además, somos mejores. Sólo hay que darles tiempo para que se den cuenta.
Batalla. Despejados los fantasmas, analicemos los cuerpos. Luis apostará por el mismo equipo que venció a Rusia y Suecia, esa acumulación de bajitos que asegura el balón a costa del físico. Por esa puerta nos atacará Italia, que, sin Pirlo y Gattusso, llenará el aula de gladiadores: De Rossi, Ambrosini, Aquilani y Camoranesi. De esa batalla, de la firmeza del árbitro y de sus tarjetas, dependerá buena parte del partido. Porque es posible que nos peguen, también eso conviene saberlo. Lo de Luis Enrique no fue accidente.
En el esquema italiano hay otras certezas. El portero es sublime y desafía al nuestro, que es el delfín de su trono. La defensa es muy rígida, o vieja, si lo prefieren, perfecta para nuestros delanteros. Cassano, otro amante de España y su repostería, es un factor incontrolable, la fiel representación del caótico sur de Italia. En punta de lanza, los 193 centímetros Luca Toni supondrán una pesadilla constante. Se trata de la principal referencia para esos balones aéreos que nos caen como bombas del cielo. Y en los saques de esquina contará con la temible ayuda Panucci, casado con una canaria, Isabel, y padre de Juanito, así bautizado en honor al Rey de España. Nos quieren, insisto.
Reto. El partido es un placer angustioso. Nos encontramos en el desfiladero de nuestros fracasos y ante el rival más temido. Nadie nos ayudará a cruzar este cañón, pero recuerden que el enemigo teme igual y sueña menos. Sonrían. Estamos donde deseábamos: a tres victorias del título.

“Italiani, credete in noi” (La Gazzetta dello Sport - Italia)

Il c.t. azzurro alla vigilia della Spagna: “Pronti a giocare contro un grande avversario. Aquilani ha tutte le carte in regola per esserci. Non mi sento uno sopra il quale è passato un treno, l’Italia è arrivata a questo punto dopo aver vinto bene con la Francia”
In queste tre settimane circa di Europeo chissà quanto volte avrà rivissuto la sua avventura azzurra. Quella che definisce un cammino in cui ci ha messo “anima e corpo”. E adesso ha l’occasione forte per dimostrare a tutti di che pasta è fatto. Dopo la Francia ha un sogno: “matare” la Spagna, ma per farlo servirà una determinazione mai vista finora.
LA FAME - “La Spagna - spiega in conferenza stampa - è una squadra forte con grandi individualità. E’ composta da ottimi giocatori che in nazionale non hanno ottenuto gli stessi risultati che con i rispettivi club. Per questo avranno molta fame di vittoria”. La conclusione è logica: “Noi dovremo giocare con la loro stessa voglia e come se avessimo la stessa fame”.

Salvatore Siviero